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Tapar goteras es insuficiente

El impago y la caída en las calificaciones de riesgo, reafirman, por si alguien lo dudaba, que la crisis fiscal que vive el país es de gran envergadura. Pero el mayor condicionante de esta situación es de carácter político partidario. Los partidos políticos en general, pero especialmente los mayoritarios, Arena y el FMLN, viven una crisis profunda de legitimidad, pero también una crisis de falta de proyecto de país. Ante ello, han encontrado en la situación fiscal su mejor argumento para maquillar su incapacidad de dar solución a los problemas de la población de cara a las próximas elecciones.

Lo primero que se debe tener claro es que el problema de la política fiscal salvadoreña es de carácter estructural, por lo que las soluciones deben ir en esa línea. Es como cuando en su casa las láminas están demasiado picadas y se acerca la época lluviosa, de nada sirve tapar una gotera si se sabe que lo que hay que cambiar es el techo completo.

Pues bien, la semana pasada se discutía como tapar una pequeña gotera, la de pagar USD55 millones por capital e intereses de los Certificados de Inversión Previsional (CIP) vencidos.  Arena realizó una propuesta en la que aseveró que: «dado que el gobierno del FMLN tienen (sic) suficientes recursos, ARENA reitera lo que demanda la inmensa mayoría de los salvadoreños: No más endeudamiento ni impuestos». Por lo tanto, exigen recortar el gasto público por medio de una serie de medidas. Según ellos, suponiendo que los cálculos tengan soporte técnico, estos recortes permitirían un ahorro de UDS210 millones. Esta propuesta si bien hubiera servido para tapar esa gotera, no sería una solución siquiera para lo que resta del año. Tan solo para poner un ejemplo, en julio se vencen USD361.2 millones en Letes. Es decir, hace falta que llueva mucho.

Pero debo admitir que lo que se robó el show fue la incoherencia del partido de ¿izquierda?  Quienes junto con PCN y Gana, aprobaron que para pagar los USD55 millones de los CIP, se recortaran recursos a 25 instituciones públicas, incluyendo rubros sensibles de educación, salud y seguridad. Es decir que en El Salvador ha llegado el tiempo en el que para pagar deuda se sacrifican asignaciones fundamentales para el desarrollo del país, como lo es el gasto social.

Por lo que la crisis política ha provocado una crisis fiscal aguda, que a su vez puede desembocar en una crisis económica y social. Es vergonzoso, sinceramente, la actitud con la que la clase política aborda semana a semana la situación de las finanzas públicas. ¿De qué le sirve a la gente escuchar quién es más o menos responsable de la crisis,  si ninguno, ni FMLN o Arena son capaces de ofrecer soluciones serias y responsables?

En el discurso se ha sobrevendido el lema de la austeridad y es el que se está imponiendo: recortes a los subsidios y ahora recortes a educación, salud y seguridad. Y nos seguirán diciendo que se debe ahorrar y se debe gastar menos en altos salarios, en viajes, en seguros privados. Pero en la práctica en lo único que se está gastando menos es en la gente.

Podemos tener fe de que tiempos mejores vendrán y que este año no va a llover. Pero no esperemos que sin resolver de forma integral el tema fiscal podremos tener un mejor país. La esperanza es lo último que se pierde, aunque los partidos insisten en matarla. Confío que llegará el día en el que los trabajadores, el sector empresarial, la academia, las organizaciones de jóvenes, mujeres, campesinas, ambientales y las diversas expresiones de la sociedad seamos capaces de sentarnos a dialogar, a escuchar y a acordar una mejor nación para vivir. Basta ya de seguir con la lógica de tapar las goteras. Construyamos juntos una casa donde quepa toda la sociedad salvadoreña, donde no sobre nadie. Porque las lluvias recién comienzan. 

Esta columna fue originalmente publicada el 27 de abril en el diario El Mundo de El Salvador