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Apuntes sobre el
impacto fiscal en Centroamérica por la recesión de
Estados Unidos
Aún es
muy temprano para que los gobiernos de
América Central puedan saber cuánto afectará a sus
economías la inminente recesión
de Estados Unidos, país al que se encuentra estrechamente
relacionada la
actividad económica de la región. La recesión
traerá, inevitablemente para
América Central, la caída de los ingresos tributarios
debido a la disminución de
las remesas familiares y de las exportaciones, entre otros factores.
La
desaceleración económica de Estados Unidos
ya ha comenzado a costarle el empleo a muchos centroamericanos. Como consecuencia, en 2008, habrán
menos
remesas familiares en los hogares y, por lo tanto, menos consumo
interno y una
disminución en la recaudación de impuestos relacionados
con la compra de bienes
y servicios. Cabe destacar que, en promedio, el 66% de los ingresos
tributarios
de Centroamérica proviene de impuestos vinculados al consumo.
Los países que
podrían verse más afectados por este fenómeno son,
en su orden de impacto,
Honduras (en donde las remesas representaron una cuarta parte del PIB
en 2007),
El Salvador,
seguidos de Guatemala y Nicaragua.
Ante una
desaceleración o recesión en Estados
Unidos es probable que disminuyan las exportaciones dirigidas de
América
Central a este país. Esto como
consecuencia de una menor capacidad de compra de los hogares
estadounidenses
debido a la potencial pérdida de empleos.
El efecto para los ingresos
tributarios de la región será adverso pues
nuevamente se verán disminuidas tanto las ganancias de los
agentes exportadores
como la capacidad de compra de los trabajadores. Los
países que destinan más del 35% del total
de sus exportaciones a Estados Unidos son Honduras (46.8% del total
exportado),
Panamá (38.4%) y Costa Rica (37.0%).
Por otro
lado, en Guatemala, El
Salvador y Nicaragua los
presupuestos fueron elaborados suponiendo escenarios de crecimiento
económico demasiado
optimistas para las expectativas actuales, lo que debilita la capacidad
de cumplir
las metas de recaudación y eleva la posibilidad de que sea
necesario financiar
estos presupuestos por medio de endeudamiento.
En el peor de los casos, se
podría enfrentar el problema reduciendo el
gasto, a costas del bienestar social. En
contraste, con un mayor grado de escepticismo frente al futuro, los
presupuestos de Costa
Rica
y Panamá fueron elaborados bajo escenarios más prudentes
de crecimiento
económico. A un mes de haber iniciado el 2008, Honduras no ha
aprobado su
presupuesto y poco se sabe de su contenido lo que no permite analizar
si sus
proyecciones de crecimiento económico serán cautas o no.
Más
allá de lo anterior, el momento es oportuno
para que la sociedad centroamericana y sus gobernantes entiendan la
necesidad
de contar con una política fiscal que permita mitigar los
efectos adversos de los
ciclos económicos. Esto significa que en tiempos de bonanza, las
finanzas
públicas deberían estar en la capacidad de generar
ahorros sin sacrificar el
cumplimiento de sus obligaciones, y en tiempos de crisis
económica y, por ende,
de baja recaudación, esos ahorros puedan servir para financiar
el mismo nivel
de gasto público.
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