Boletín del ICEFI
     
Boletín mensual Nº 16 Enero de 2008
Año 3

 

Editorial

   
   

Apuntes sobre el impacto fiscal en Centroamérica por la recesión de Estados Unidos

Aún es muy temprano para que los gobiernos de América Central puedan saber cuánto afectará a sus economías la inminente recesión de Estados Unidos, país al que se encuentra estrechamente relacionada la actividad económica de la región. La recesión traerá, inevitablemente para América Central, la caída de los ingresos tributarios debido a la disminución de las remesas familiares y de las exportaciones, entre otros factores.

La desaceleración económica de Estados Unidos ya ha comenzado a costarle el empleo a muchos centroamericanos.  Como consecuencia, en 2008, habrán menos remesas familiares en los hogares y, por lo tanto, menos consumo interno y una disminución en la recaudación de impuestos relacionados con la compra de bienes y servicios. Cabe destacar que, en promedio, el 66% de los ingresos tributarios de Centroamérica proviene de impuestos vinculados al consumo. Los países que podrían verse más afectados por este fenómeno son, en su orden de impacto, Honduras (en donde las remesas representaron una cuarta parte del PIB en 2007), El Salvador, seguidos de Guatemala y Nicaragua. 

Ante una desaceleración o recesión en Estados Unidos es probable que disminuyan las exportaciones dirigidas de América Central a este país.  Esto como consecuencia de una menor capacidad de compra de los hogares estadounidenses debido a la potencial pérdida de empleos.  El efecto para los ingresos tributarios de la región será adverso pues nuevamente se verán disminuidas tanto las ganancias de los agentes exportadores como la capacidad de compra de los trabajadores.  Los países que destinan más del 35% del total de sus exportaciones a Estados Unidos son Honduras (46.8% del total exportado), Panamá (38.4%) y Costa Rica (37.0%).

Por otro lado, en Guatemala, El Salvador y Nicaragua los presupuestos fueron elaborados suponiendo escenarios de crecimiento económico demasiado optimistas para las expectativas actuales, lo que debilita la capacidad de cumplir las metas de recaudación y eleva la posibilidad de que sea necesario financiar estos presupuestos por medio de endeudamiento.  En el peor de los casos, se podría enfrentar el problema reduciendo el gasto, a costas del bienestar social.  En contraste, con un mayor grado de escepticismo frente al futuro, los presupuestos de Costa Rica y Panamá fueron elaborados bajo escenarios más prudentes de crecimiento económico. A un mes de haber iniciado el 2008, Honduras no ha aprobado su presupuesto y poco se sabe de su contenido lo que no permite analizar si sus proyecciones de crecimiento económico serán cautas o no.

Más allá de lo anterior, el momento es oportuno para que la sociedad centroamericana y sus gobernantes entiendan la necesidad de contar con una política fiscal que permita mitigar los efectos adversos de los ciclos económicos. Esto significa que en tiempos de bonanza, las finanzas públicas deberían estar en la capacidad de generar ahorros sin sacrificar el cumplimiento de sus obligaciones, y en tiempos de crisis económica y, por ende, de baja recaudación, esos ahorros puedan servir para financiar el mismo nivel de gasto público.

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