Boletín del ICEFI
     
Boletín mensual Nº 17
Febrero de 2008
Año 3

 

Pluma Invitada

   

Contrato social, poder compensatorio y la respuesta fiscal a la globalización

Por Aaron Schneider

Profesor en Tulane University y
Miembro del Consejo Asesor de ICEFI

Para leer la versión en inglés de este artículo  pulse aquí.

Los asuntos fiscales en América Central encapsulan la lucha por la construcción de economías, sociedades y estados adecuados a la era de la globalización. La región daría la bienvenida a una adaptación exitosa a la globalización pues pasadas inserciones a la economía global provocaron pobreza, autoritarismo y violencia. En la actualidad, la calidad de la respuesta centroamericana a la globalización envuelve dos preguntas interrelacionadas entre sí. Primero, ¿Qué clase de economía, sociedad y estado quiere la gente del istmo? Segunda, ¿cuál es la política económica de este modelo en el contexto de la integración global? Los debates fiscales, especialmente las discusiones sobre impuestos, están ligados de sobremanera a estas dos preguntas.

Dos teorías de política económica que compiten entre ellas ofrecen las respuestas a estas preguntas: la teoría liberal y la neo-realista. Las teorías liberales sugieren que el requisito fundamental de cualquier sistema fiscal es la legitimidad. El estado debe buscar la caducidad de las fuerzas sociales si quieren hacer uso de las riquezas privadas para fines públicos. Los gobiernos deben ofrecer servicios transparentes, limpios, efectivos y eficientes a cambio del dinero que le piden a su ciudadanía. Las teorías liberales descansan sobre la noción de un contrato social, en el cual la ciudadanía y los estados se ponen de acuerdo en los términos de intercambio básicos y la ciudadanía proporciona voluntariamente sus ingresos para los servicios que desean del gobierno.

Las teorías liberales conllevan ciertas implicaciones. Primero, estados que quieren recaudar ingresos deben obtenerlos de aquellos que tienen las riquezas, en particular el pequeño porcentaje de la ciudadanía que acumula sus ahorros. Segundo, para recaudar ingresos de estos grupos, los estados deben satisfacer las necesidades que ésta ciudadanía requiere, como por ejemplo un ambiente seguro y rentable para hacer sus negocios y acceso a los procesos públicos de toma de decisiones a través de los canales electorales, partidarios o burocráticos. Además, la ciudadanía estará preocupada por tener un gobierno transparente que no desperdicie o robe los recursos que recauda.

Por si mismas, las teorías liberales tal vez sean insuficientes para orientar una respuesta fiscal hacia la globalización. La razón es que las teorías liberales están sujetas al elitismo, especialmente en sociedades altamente desiguales como las existentes en América Central. Donde la desigualdad es severa y la pobreza generalizada, un contrato social pactado solamente con la ciudadanía que acumula riqueza es altamente excluyente. ¿Qué pasa con la ciudadanía que tiene poco o nada con que contribuir al estado en forma de ingresos? ¿Ellos no merecen el acceso a las decisiones públicas? ¿Ellos no tienen derecho a servicios públicos? De hecho,  ¿es viable una respuesta a la globalización sin proporcionarle a la ciudadanía pobre los servicios que aumenten su productividad, protegerlos de “shocks” y por lo tanto, mejorar la posición de las economías centroamericanas en la división global del trabajo? Desafortunadamente, las teorías liberales por sí mismas hacen muy poco para ayudarnos a entender como se podría construir el contrato social para asegurar el beneplácito de la riqueza y al mismo tiempo incorporar a los pobres de la región.

Para enfrentarse a este reto, un conjunto de teorías neo-realistas ofrecen una posible alternativa. De acuerdo con los neo-realistas, los asuntos fiscales se fundamentan en la capacidad del estado de dirigir los ahorros privados para propósitos públicos. El problema, por supuesto, es que las economías pobres se caracterizan por tener ahorros limitados y las sociedades altamente desiguales hacen muy poco probable que las elites se sientan una obligación social para que los bienes sean utilizados por el resto de la sociedad. Lamentablemente, América Central se caracteriza por ambas, la pobreza y la desigualdad, exacerbadas por las distinciones geográficas y étnicas y cada vez que se habla de los asuntos fiscales despiertan y nutren el conflicto.

Las implicaciones de las teorías neo-realistas tienen sus cimientos en el poder compensatorio que debe ser movilizado si el estado va a imponer los costos a aquellos que son dueños de la riqueza. Sin ese poder compensatorio el estado puede hacer muy poco para obligar a los ricos a que ofrezcan sus recursos privados para propósitos públicos. Una fuente de poder compensatorio es el estado mismo que cuenta con una burocracia profesional, centralizada y racional, capaz de establecer y reforzar las reglas a las cuales deben atenerse los individuos. En casos muy raros los miembros de las clases políticas  reconocen la necesidad de este tipo de burocracia y llevan a cabo una reforma para obtener este tipo de capacidad. Desafortunadamente, una reforma como la descrita arriba no ha ocurrido en la región y la capacidad del estado debe orientarse en otra forma

Una fuente adicional de poder compensatorio es el que organiza a las voces de la ciudadanía pobre y de la clase media. Estos grupos son participantes clave en la producción de riqueza en la globalización, sin embargo por diversas razones, no han compartido los beneficios de la acumulación. Precisamente por estas razones tienen un interés particular para aumentar la productividad y obtener una porción mayor de los beneficios a través de servicios públicos más amplios. Los actores del estado buscan utilizar los ahorros privados para proporcionar estos servicios necesarios con el respaldo de la ciudadanía pobre y de la clase media organizada y movilizada como una base de apoyo político.

Sin embargo, resulta sumamente difícil incorporar a estos grupos en política. Puede ocurrir a través de movimientos, organizaciones de sociedad civil, partidos políticos y procesos electorales, pero la movilización debe ocurrir de manera aceptable para las elites que controlan la riqueza y los actores internacionales que operan en la región.

Aquí es donde la teoría liberal y la neo-realista se encuentran. Dadas las realidades económicas, sociales y políticas de la región, la reforma fiscal en América Central requieren ambos: el poder compensatorio neo-realista y el contrato social liberal. De manera consistente con los argumentos neo-realistas, las elites en Centroamérica no se conformarán con una reforma fiscal comprensiva a menos de que se enfrenten a un estado capaz que además incorpora a las organizaciones y sociedad civil movilizada. Al mismo tiempo, la manera en que la movilización ocurre debe ser percibida como legítima por las elites domésticas e internacionales, de lo contrario, no se integrarán al contrato social que incluye a los actores del estado, las elites y los sectores populares.

Este no es un momento revolucionario ni un momento elitista; por el contrario, es un momento en el que el estado y las fuerzas sociales deben retomar ambas nociones neo-realistas del poder compensatorio y las ideas liberales del contrato social. Solamente entonces la región podrá tomar los pasos hacia una respuesta fiscal coherente con la globalización.

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