Ricardo Castaneda
Ricardo Castaneda Ancheta dejó de trabajar para el Icefi en octubre de 2023.
Imagínese una casa en la cual el techo ya no sirve y cada vez que llueve, el hogar se inunda. Por más que se le pongan parches, con el pasar de los días nuevamente se va a inundar, hasta que se cambie el techo. Podemos utilizar la misma analogía para las finanzas públicas de El Salvador, aunque se le intenten poner parches, los problemas estructurales seguirán ahí. Y arreglarlo va más allá de que el Gobierno lo pueda hacer de forma solitaria.
Para saber que nos espera como país para 2018, un buen parámetro es revisar el Presupuesto General de Estado.
Sin embargo, como dice textualmente el FMI, las vulnerabilidades aumentaron el año pasado.
La clase política salvadoreña ha desgastado las palabras «acuerdo fiscal». No porque se hayan esmerado por conseguirlo, sino porque este término ha sido utilizado para demostrar que la otra parte (Gobierno o partido de oposición) es quien se opone a alcanzarlo. No obstante, ahora que se aborda este tema, valdría la pena recordarles a los políticos para qué sirve la política fiscal.
La política salvadoreña se ha convertido en un burdo teatro donde hay personajes que representan una (mala) obra de ficción.
Quizá uno de los problemas más grandes para las sociedades sea la incapacidad de algunos de sus miembros de reconocer las condiciones en las que viven otras personas.
Pareciera la trama de una película donde el caos social va de país en país y donde el escritor –casi con manos invisibles– quiere mostrar que no hay país que esté a salvo.
Es difícil comprender por qué, a pesar de la advertencia de especialistas, organismos multilaterales y los propios técnicos del Ejecutivo se quiera seguir adelante.
Uno de los mayores objetivos en economía es la generación de empleo.




