El paradigma de desarrollo predominante está alejado de un enfoque de sostenibilidad y sustentabilidad y se basa en la concepción de que los Estados deben tener la promoción del crecimiento económico como objetivo primordial, ya que en esta medida las economías alcanzarán tal bonanza que sus beneficios se filtrarán al resto de la sociedad, mejorando el bienestar y resolviendo los problemas del desarrollo. Esta concepción se ha visto reflejada en la política pública, incluyendo la fiscal.
Los recientes acontecimientos ocurridos en El Salvador el pasado 9 de febrero, cuando el presidente Bukele ordenó la militarización de la Asamblea Legislativa e incitó a la insurrección como medida de presión para que los diputados aprobaran el préstamo para el Plan Control Territorial, nos invitan a reflexionar sobre la clase de políticos que tenemos y, sobre todo, ¿qué implicaciones tienen para nuestra democracia? Y, como ciudadanía, ¿qué debemos hacer para actuar como agentes de cambio?
En El Salvador la división entre el espectáculo y la política es una línea casi invisible. Nuestra oferta cultural es muy pobre y, quizá por eso, la política sea la que tenga que servir de entretenimiento.
Un conductor que paga “mordida” para evitar una multa de tránsito; una funcionaria que acepta regalos de una empresa a cambio de “ayudarle” con la aprobación de un estudio de impacto ambiental; un ministro que acepta un “cargo ad honorem”, pero que recibe un sueldo como consultor; una diputada que contrata de asesor a un familiar; un alcalde que vende tierras municipales por debajo de su valor; un empresario que paga viajes a funcionarios a cambio de obtener un trato preferencial en procesos de contratación pública; una presidenta que desvía fondos públicos para financiar campañas elect
La expresión “elefante blanco”, en el ámbito de la administración pública, hace referencia al destino de recursos financieros (provenientes de nuestros impuestos) hacia asuntos (infraestructura, programas, proyecto, bien o servicio) que, entre otros, no generan beneficio socioeconómico, o que tienen una utilidad distinta a la inicialmente planteada, o están en desuso o no resuelven el problema para el que fueron creados.
Desde hace mucho que no se miraba un estadio tan lleno para apoyar al equipo de Gobierno. Llama la atención que el jugador estrella es el presidente del equipo. La gente vuelve a estar ilusionada. Incluso se aplaude cuando el equipo pierde la pelota o comete faltas harteras.
Nací en un país en guerra, pero crecí en un país intentando construir la paz. No tengo recuerdos propios de la guerra, pero los relatos familiares, las marcas de balas en la infraestructura de mi casa y la muerte de mi papá me han permitido reconocer como parte de mi historia una guerra que provocó más de 75,000 muertes, miles de personas desaparecidas y otros miles más que fueron desplazadas u obligadas a emigrar.
Este 2020 parte del presupuesto público de El Salvador será destinado al financiamiento de la Fase II del Plan Control Territorial denominada «Oportunidad». De acuerdo a la versión oficial, con esta fase se busca que las diferentes carteras del Estado contribuyan a la prevención y el combate efectivo de la delincuencia a través de proyectos sociales en las comunidades, a fin de eliminar las desigualdades que afectan a la sociedad salvadoreña.
En el ámbito económico, 2019 fue un año de desaceleración. Suponga que usted va en un vehículo y deja de acelerar; el carro continúa avanzando, pero lo hace mucho más lento. Eso es lo que está pasando en la economía mundial, pues el 2019 se cierra con el menor crecimiento económico desde la última crisis financiera internacional. Condicionado, por la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pero también por la convulsión política que se vive en diferentes partes del mundo.
Cuando tuve la oportunidad de continuar mis estudios en una universidad pública en Costa Rica uno de mis primeros shocks culturales fue cuando tuve que utilizar el transporte colectivo para ir a mis clases. Era mi segundo día en ese país y tenía que trasladarme al campus universitario en bus, para ello tomé las precauciones que tomaría acá, quitarme mis aritos, guardar mi teléfono debajo de mis cuadernos y esconder mi dinero.















